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Ángel Pérez

Quiero no callar sin ofender

1 de noviembre

Tener pocos años, frecuentemente induce a pensar que la vida se tiene comprada. Cualquier acto puede adquirir valor de experiencia y, a veces, si se da en los márgenes de lo considerado socialmente normal, podemos recubrirlo de cierta épica.

Cuando esa “normalidad” se percibe como aburrida porque no aporta sensaciones nuevas, buscar la novedad puede conllevar acciones efectivamente extraordinarias aunque posiblemente innecesarias. Para no dramatizar en exceso, puedo recordar aquella simple e insustancial práctica por la que, algunos clientes de bares de copas, pagaban para recibir pequeñas descargas eléctricas de una batería.

Después de unas pocas decenas de años de vida, sigo encontrando placeres nuevos que están a nuestro alcance y en nuestro entorno. No solo eso, tengo claro que dejaré de ser y no me habrá dado tiempo tan siquiera a conocer las posibilidades existentes. Desde el reposo absoluto, que requiere cierta disciplina, al ejercicio al gusto, la lectura, la música, la fotografía, el cine, teatro, y un inacabable etc., en modalidades diversas y formas de relación múltiples con otros seres vivos, cosas y escenarios a escoger.

Y alguien dirá “¿todo eso con una cantimplora de agua?. No, no siempre. Reivindico la conversación o la solitaria reflexión en compañía de un vaso no vacío, que, en cualquier caso, nunca pueda hacerme perder el mando de mí mismo. Es criterio razonado por mi forma de pensar, por la educación recibida. También por la experiencia, la observación y, por supuesto, por la posibilidad de acceder a alternativas razonables a la hora de gastar mi vida disponible.

Cuando una adolescente de 12 años acaba con su vida sin tan siquiera sospecharlo a manos de una visión criminal de lo excitante, de lo contestatario, de lo diferente, es evidente que tenemos deficiencias serias a la hora de explicar que es la Libertad, para qué sirve y cómo se usa. También que, al menos a una inocente, la reflexión ya no le sirve de nada.

No sirven entonces los complejos ni el intercambio de reproches para buscar responsables. Sirve regular el uso y las actividades que se desarrollan en los espacios públicos para garantizar en primer lugar un uso libre y responsable del mismo, tanto en eventos públicos como privados y eso se hace regulando y garantizando el cumplimiento de lo regulado.

Y educar, que no es un discurso solo moral sobre lo bueno y lo malo. Son también recursos que conducen a vencer el atraso.

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