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Ángel Pérez

Quiero no callar sin ofender

Exigencia y disimulo

Parece que a falta de ideas para hoy, se pone de moda analizar la Transición, no como un ejercicio intelectual que legar a la Historia, sino para incluir esta cuestión en la no menos novedosa morbosidad de buscar responsabilidades, atribuir culpas, desvelar traiciones y tratar de demostrar que, en última instancia, lo mejor hubiera sido que la Dictadura durara 40 años más para que los dirigentes actuales de la izquierda pudieran cerrar aquel bárbaro tiempo saltando a una sociedad socialista, sin explotados ni explotadores, una sociedad libre, de iguales, con los derechos básicos resueltos, el estado articulado con el acuerdo de todos, el empleo garantizado, la economía boyante y todas las cosas en su sitio…los de arriba, abajo… los de abajo arriba y en el entresuelo las clases pasivas. Oportunidad histórica perdida por culpa de la muerte prematura de un dictador que no leyó a Marx. (Ni el mínimo interés tenía).

A estas alturas seríamos la envidia del mundo. El tocayo de Einstein, con las indicaciones oportunas de su líder (y el de todos y todas) se habría reunido para dialogar, porque hay que dialogar mucho y siempre, con aquellos militares franquistas, las grandes fortunas y oligarcas financieros, la Iglesia, la de Tarancón y la otra, los sindicalistas verticales y los de clase, los nacionalistas, de los de verdad y los de alquiler…habría sentado a ETA, la V y los polis-milis, al FRAP y al GRAPO, a los comandos autónomos y a los cientos de movimientos sociales, feministas, pacifistas, ciudadanos y unos cuantos actores más de aquella actualidad y, por supuesto a los partidos domesticados para que pudieran observar como se hacen las cosas.

Todos reunidos, les hubiera explicado que la situación que se debía resolver era producto del dominio de la Oligarquía Patriarcal y que habría que construir otro modelo que desterrara la vieja política y cambiarla por otra nueva, cuyos ejes tenía en la punta de la lengua y ya les iría diciendo..

Tengo claro que, ante esa exhibición de talento todos reconocerían su propia torpeza y se pondrían a la labor. ¿Cómo no se nos había ocurrido, dirían los banqueros, que la gente es más feliz si vive mejor y que algunos no necesitamos tanto?. Los militares se darían cuenta de que ellos, aunque no eran socialistas no tenían por qué impedir que otros lo fueran, y así cada sujeto ejercería la oportuna autocrítica reconduciendo el país a una Democracia como debe ser. Pero no. Parece ser que hicieron un cambalache y aquí estamos. Sí, es cierto, quien no podía reunirse para hablar, ahora puede, quien no podía escribir y publicar, ahora lo hace, el derecho al aborto, el divorcio, a la objeción, a exhibir las banderas y hablar diferentes lenguas, los mínimos derechos del trabajo, la libertad de los afectos y su expresión libre, el ejercicio de la crítica al poder y poder optar por las ideas en una urna y pelear por ellas cuanto, cuando y donde se tercie, son, con otras cuantas nimiedades, realidad hoy. ¿Y eso, a quien le importa? Seguramente a quienes no conocieron su imposibilidad, nada de nada.

Y trato de entender, aunque no puedo justificar que, ignorando tanto, demuestren tanto desprecio. He leído algún articulo de Javier Cercas y de Gaspar Llamazares y, obviamente comparto los argumentos centrales.

Reivindican lo que se pudo hacer y asumen que la Transición sí lo fue de la Dictadura a la Democracia. Nadie se planteo que el objetivo era un resultado final que fuera muy diferente a los países del entorno europeo en el que estamos. Y, lógicamente viniendo de donde veníamos era previsible que fuéramos, como somos, de los no aventajados en esta Europa de las multinacionales y que carece de ejes sociales en una construcción por tanto muy desigual.

Algún presunto dirigente de esta izquierda indómita, se levanta una mañana y recuerda que Franco murió en la cama, queriendo significar que aquella izquierda no supo o no quiso derrocar al dictador, como inferimos que él hubiera hecho. Pero no pasa una semana y dice que las fuerzas domesticadas no tuvieron gran protagonismo porque fue el pueblo quien empujó la historia. ¿El mismo pueblo que se dejó colar el cambalache? ¿O el que en las primeras elecciones democráticas dio mas de 6,3 millones de votos a UCD y 5,3 al PSOE?. No he oído ni leído a nadie que cuestione o discuta la capacidad de lucha, entrega y sacrificio del PCE, excepción hecha de los actuales y presuntos dirigentes del PCE. En España y mas allá es ampliamente reconocida esa aportación. El PCE obtuvo poco más 1.700.000 votos, en un resultado que ilustra bastante que junto al reconocimiento, aquella sociedad española apostaba por un proceso de transición pilotado por las fuerzas moderadas de centro-derecha y centro-izquierda.

Sé que con esta argumentación no contesto al cargo y se podrá decir que si el PCE hubiera jugado un papel revolucionario otro gallo hubiera cantado. Dudándolo muchísimo, hasta el extremo de negarlo, creo que ni eso era posible ni era lo que había que hacer. Y se hizo lo que fue posible en ese momento. La Democracia de la que hoy podemos presumir es insuficiente, tiene carencias clamorosas y requiere de reformas profundas, cierto. Tan cierto que a la vista de cómo funcionan algunos partidos, sus caciques y sus formas de engatusar a los afiliados y afiliadas, puede decirse que el marco democrático español todavía da para que aprendan mucho los que quieren cambiarlo todo haciendo siempre lo mismo.

Y dicho todo esto, queda lo que constituye mi mayor perplejidad ante ésta indómita revolución que vivimos sin darnos ni cuenta.

El tiempo ha pasado. Santiago Carrillo ya no está, Felipe González dejo de ser presidente. Juan Carlos I es rey pero mucho menos. Solé Tura, Guerra, Marcelino, Nicolás, Fraga, etc., los artífices del “cambalache” ya no están, algunos y otros no actúan en las decisiones.

En España hay mas de 4 millones de personas desempleadas, la crisis ha expulsado a mas de 300.000 familias de sus casas, los derechos de los trabajadores y trabajadoras han retrocedido a la velocidad que aumentan los beneficios de los oligopolios, los salarios pierden año a año frente a las rentas del capital. La conciencia social retrocede en cuanto a la estima por lo público y la necesidad de organizar las necesidades para oponer un proyecto de izquierda y progresista al dominio en solitario de las políticas liberales. El conservadurismo gana terreno en capas populares en relación a las libertades o la lucha de género.

Y no me refiero al discurso correcto de spots televisivos, sino a la destrucción de las organizaciones sociales a manos de la modernidad en red, que deja la participación en los dedos de arriesgados revolucionarios que clican consignas audaces sin necesidad de exponerse a la lluvia o al calor.

Una España despatrimonializada a través de la privatización como arma perversa para que los de siempre exploten lo que se ha hecho con el esfuerzo común. Un país sin mas proyecto que reeditar el boom especulativo y sin plantearse un modelo productivo diferente para generar, distribuir y consumir la riqueza de forma mas económica, justa y eficiente. En fin, se puede seguir describiendo una realidad conocida y generalmente admitida en la izquierda.

Y ahora los partidos los dirigen otros. Alguno incluso, que dice que las Cortes son la continuidad del franquismo porque no hubo ruptura, se sienta en ellas cual electo por el tercio familiar. Lo de ser antisistema con salario en euros del BCE es duro, muy duro.

Y yo me pregunto, ¿en esta España de formalidad democrática, con libertad para manifestarse y explicar, para dirigirse a las masas necesitadas y hambrientas de justicia social y todas esas cosas que forman parte del vocabulario travieso…qué hacen?. ¿Revisar la Transición?.¿Es creíble viendo la inanidad actual de estos fiscales de la historia, que ellos habrían protagonizado una Transición como la que exigen a toro pasado?

Y para ahora ¿tendrán pensado hacer algo, además de un referéndum para ver si hacen algo?.

No parece de recibo que, en la encrucijada actual, tan gallardos y altaneros dirigentes, tan insobornables como decididos, se vengan a refugiar en la muy vieja excusa de la herencia recibida.

Es por todo esto que creo que estos muchachos no están en condiciones de pedir explicaciones al pasado. Mas bien deberían darlas al presente.

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